viernes, 14 de noviembre de 2014

(1963) Michel Foucault - Raymond Roussel


Surrealismo, escritura automática, Foucault, Roussel


"Roussel definió, en cierto modo, su geometría. Abrió al lenguaje literario un extraño espacio, al que podría calificarse de lingüístico si no fuera su imagen invertida, su utilización soñadora, encantadora y mítica. Si se separa la obra de Roussel de este espacio (que es el nuestro) sólo se podrán reconocer en él las maravillas azarosas de los absurdo o las florituras barrocas de un lenguaje esotérico que querría decir «otra cosa». Si se lo remplaza, por el contrario, Roussel aparece tal como él mismo se definió: como el inventor de un lenguaje que sólo se dice a sí mismo, de un lenguaje absolutamente simple en su ser redoblado, de un lenguaje del lenguaje, que encierra su propio sol en su flaqueza soberana y central."

Las vidas de Bach, Van Gogh, Poe, Melville, Monet o Modigliani, entre tantísimos otros, ilustran la imagen, tan sugerente y evocadora entre el gran público, del artista incomprendido, injustamente tratado por la crítica, exiliado del reino de los favores del gran público. Grandes poetas, novelistas, pintores, escultores o músicos que no escaparon a esta idea del genio, triunfador frente a la posteridad, pero alimentado de las sombras —y por las sobras— del espíritu de la época que les vio nacer. Personajes que terminan siendo rescatados por la nueva generación, alcanzando el reconocimiento que les fue negado con anterioridad durante el apogeo de su producción y, por ello mismo, alcanzando el reconocimiento demasiado tarde.

Cuando John Zorn le dedicó en 1983 en homenaje póstumo su disco Locus Solus o Carlos Portela su Impresiones de la Isla en 1993, el juicio de la historia había cambiado de signo respecto a Raymond Roussel. Anteriormente, otros escritores se habían encargado de resucitar y celebrar el legado del escritor francés. Cortázar, Gimferrer, Juan Goytisolo o Vila-Matas son algunos ejemplos en español. Fue leído con admiración por los surrealistas, que vieron en él una especie de anticipación de sus ideas. El etnógrafo Michel Leiris sería uno de sus principales difusores. Dalí, John Ashbery, Guy de Coinet y tantos otros reconocieron el influjo que su lectura produjo en su obra.

Porque lo cierto es que Raymond Roussel (1877-1933) no vivió precisamente los favores del público, a pesar de ansiarlos desesperadamente, y padeció numerosas crisis nerviosas a lo largo de su vida a causa de este hecho. Su obra fue denostada por la prensa e ignorada por el público. Los primeros por considerarla absurda y carente de sentido. Los segundos, por inexistencia de canales de difusión adecuados que hiciera que su obra les llegara. Por ello, es curioso que Roussel, cuando contactó con los surrealistas, decidiera no asociarse con ellos, pese al runrún incesante que  tanto ellos como los dadaístas generaban en el gran público. Para Roussel el éxito era importante, muy importante de hecho, pero no tanto como para sacrificar la integridad, y para él los surrealistas eran "oscuros". Solo reconocía su deuda, literariamente, con Jules Verne.

Un tipo ciertamente peculiar Raymond Roussel. Heredó muy joven una sustanciosa herencia familiar y ello le proporcionó el salvoconducto perfecto para convertirse en el prototipo de personaje excéntrico. Realizó dos vueltas al mundo, pero sin apenas salir de las habitaciones de los hoteles en los que se hospedaba. Dilapidaba ingentes cantidades de dinero en publicar, contra toda resistencia, sus poemarios y novelas. Finalmente acabaría arruinado y terminaría suicidándose en Palermo de una sobredosis de barbitúricos. Leonardo Sciascia publicaría casi 40 años más tarde Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel, donde dejaría constancia de todas las inexactitudes e incoherencias en que incurrió la policía en la investigación del suicidio.

Por todo ello, por el aura de artista maldito y personaje antojadizo, resultaba a priori tan interesante Raymond Roussel de Miche Foucault. El filósofo francés se prestó a escribir un ensayo comentando su obra en un momento en el que había quedado prácticamente relegada al olvido.

"En el lenguaje el único azar serio no es el de los encuentros interiores, sino el del origen. Acontecimiento puro que está a la vez en el lenguaje y fuera de él, puesto que forma su límite inicial. Lo que lo manifiesta no es que el lenguaje sea lo que es, sino que haya lenguaje. Y el procedimiento consiste precisamente en purificar al discurso de todos esos falsos azares de la «inspiración», de la fantasía, de la pluma que corre, para ponerlo ante la evidencia insoportable de que el lenguaje nos llega desde el fondo de una noche perfectamente clara y que no puede ser dominada. Supresión de la oportunidad literaria, de sus caminos oblicuos y sus atajos, para que aparezca la línea recta de una zar providencial: el que coincide con la emergencia del lenguaje. La obra de Roussel y —ésta es una de las razones por las cuales ella nació a contramano de la literatura— es una tentativa de organizar, según el discurso menos aleatorio, el más inevitable de los azares".

Durante todo el ensayo, Foucault se sirve para interpretar al poeta francés, cual piedra Rosetta, de los Comment j'ai écrit certain de mes livres, una especie de autobiografía intelectual póstuma de Roussel. A través de ella, Foucault extrae las claves para descifrar la escritura del escritor galo. Hay que decir que en el ensayo las consideraciones biográficas, psicológicas o socio-culturales están reducidas a la mínima expresión: Foucault analiza la escritura de Roussel en términos dados por ella misma. En parte es natural en un autor, Roussel, que gustaba de decir aquello de «en mí la imaginación lo es todo».

La obra de Roussel se desarrolla en torno a una especie de escritura guiada por el procedimiento. El procedimiento no son sino un conjunto de operaciones y reglas a las que Roussel somete a las palabras, para transformarlas y desdoblarlas en nuevas palabras o en las mismas palabras bajo significados distintos. Es un juego y una elaboración que dota a las palabras de nuevos sentidos, sentidos tropológicos, y que conecta el léxico del lenguaje obviando las familias semánticas al uso, creando espacios tropológicos, espacios configurados por el libre discurrir de esas operaciones.

Este procedimiento tiene su origen en su primer periodo creativo, que comprende los primeros siete años del siglo XX (pasada su primera crisis, tras saldarse su debut, La Doublure, de 1897 con un rotundo fracaso). Roussel pensaría una frase y por medio de las operaciones anteriormente descritas, llegaría a frases con elementos homónimos pero de significado distinto. Algunos ejemplos: "la semilla (pépin) del limón (citron), el paraguas (pépin) del mozo de panadería (mitron); el gancho y el lucio (le crochet et le brochet); campanilla y fruslería (sonnete et sornette); el lugar de los estuchistas (boutons rouges) sobre las máscaras (masques) con hermosas patillas rubias; el lugar de los botones rojos (boutons rouges) en los faldones (basques), etc." La idea sería empezar un libro con una frase, la frase epónima, y terminar con una de sus homónimas, recorriendo todo el camino por medio de las reglas anteriormente descritas, estableciendo una suerte de circularidad por la cual todo estaría autocontenido, excepto el momento inicial. Se trata de un "juego de identidades y diferencias que se repiten como espejos", y que dan lugar a catacresis, metonimias, metalepsis, sinécdoques, antonomasias y otros jeroglíficos literarios constituidos por la rotación de las palabras dentro del volumen del lenguaje. Así, las Impresiones de África estarían originadas por la comparación entre billard (billar) y pillard (pillo, ladrón). Roussel desarrollaría toda una "geometría lingüística", una homonimia criptográfica, en torno a estas reglas, asociando las palabras mediante oscuros zigzags de vocablos heterónimos, una suerte de intrincados laberintos, dando lugar a patrones como los existentes en la poesía, pero haciendo uso de la homonimia en vez de la rima.

En cada uno de sus libros, Roussel, al desarrollar esta suerte de circularidad, mostraría con ello la esencia de todo lenguaje: la perturbadora imagen de una herramienta autocontenida. Al suprimir toda referencia a la realidad, Roussel revela que no hay más lenguaje que el que él propone en sus obras, y que lo que hay más allá no es sino la muerte del lenguaje, que acaso no sea sino la muerte sin adjetivar. Sus dos obras más importantes, las Impresiones de África y Locus Solus, enmarcadas en su segundo periodo, desarrollan las ideas del Procedimiento llevándolas a un nuevo nivel, por medio de la metamorfosis de los objetos y los seres que aparecen en esas dos obras. Todo resulta susceptible de metamorfosearse, y los procesos vehiculados por medio de las palabras podrán ser reversibles y recorrer una encrucijada determinada varias veces en varios sentidos. Sin embargo, la muerte, como figura, no será susceptible de metamorfosis.

"Toda la obra de Roussel hasta Nouvelles Impressions, gira en torno a una experiencia singular (quiero decir que debe ponerse en singular): el vínculo del lenguaje con ese espacio inexistente que, por debajo de la superficie de las cosas, separa al interior de su faz visible y a la periferia de su nudo invisible. Es aquí, entre lo que hay de oculto en lo manifiesto y de luminoso en lo inaccesible, donde se anuda la tarea de su lenguaje. Se comprende muy bien por qué Breton, y otros después de él, percibieron en la obra de Roussel una especie de obsesión por lo oculto, por lo invisible, por lo postergado. Y no es que el lenguaje de Roussel haya querido ocultar nada (...) Lejos de constituir, como la palabra de los iniciados, una partición esencial entre lo divulgado y lo esotérico, su lenguaje muestra que lo visible y lo no visible se repiten indefinidamente, y que ese desdoblamiento de lo mismo otorga su signo al lenguaje: lo cual lo hace posible, desde el origen, entre las cosas, y hace que las cosas sean posibles en él."

Las Nuevas Impresiones de África, la última obra suya publicada en vida, se desentiende del Procedimiento. Por tanto, no se produce esa visión autocontenida del lenguaje o, mejor dicho, no se produce esa visión autocontenida de la misma manera. Las Impresiones serán, en realidad, su obra más extrema desde el punto de vista de su estilo. Porque en los 1274 versos de los que se compone el poema, Roussel elaborará un lenguaje circular mediante el empleo de paréntesis, de grado nueve (el paréntesis del paréntesis del paréntesis del...). Por otra parte, a diferencia de las obras de la primera época, los verbos tenderán a rarificarse, produciéndose enumeraciones de cerca de veinte páginas sin ningún verbo en forma personal (fuera de las oraciones relativas, con su función de epítetos).

Foucault cree ver en Roussel el intento de una imaginación, la de Roussel, por abolir la distancia del lenguaje consigo mismo, la distancia respecto a su origen. Tal es la esencia del lenguaje autocontenido de Roussel, cuya captación por medio de las operaciones mentales normales lo descalificaría como mero birlibirloque o como las "maravillas azarosas de lo absurdo".

Este libro, del que he intentado apuntar sus ideas más importantes, muestra a un Foucault extremadamente estructuralista, desentendido de todo nexo con la realidad, en un análisis puramente interno, composicional, de la obra de Roussel. Agotador. Además, resulta inevitable pensar que la imagen que nos presenta del poeta francés está sesgada por las bondades de su propio análisis o, en términos más llanos, por aquello de "no dejar que la realidad te arruine una buena historia". El Roussel de Foucault no es un poeta, y desde luego no es un poeta rarito. Es un poeta, geómetra, urbanista, cosmólogo y metafísico del lenguaje. Es un superhombre, un titán. Apuesto a que el Roussel de Foucault sería capaz de estornudar con los ojos abiertos y dar por comenzado el universo. Desde luego, la interpretación de Foucault es sugestiva, eso es innegable, ¿pero realmente habla de Roussel? ¿No estará hablando de un Roussel inventado por Foucault? ¿Una especie de Doppelgänger o una imagen filtrada por Foucault del propio Roussel, como en esos espejos convexos que amplifican la imagen? Es difícil afirmar una cosa o la contraria y ese es, en parte, el problema de toda hermenéutica y, sobre todo, de toda hermenéutica tan sumamente "empotrada" o autocontenida, de una hermenéutica tan aislada de la realidad. En cierta forma, da la sensación de que así como el lenguaje de Roussel según Foucault es autocontenido, así el Roussel de Foucault es un personaje autocontenido dentro de la imaginación de Foucault. Sobre todo cuando el propio Roussel dedicó una obra, publicada póstumamente, a la elucidación de su obra, del procedimiento soterrado en ella. Elucidación que, lejos de ser completa, solo pudo llegar a ser parcial.

Llegué a este libro de manera indirecta, en una de esas piruetas que trae consigo el ser poco sistemático en mis lecturas. Yo no conocía a Raymond Roussel, y no estoy seguro de conocerlo después de esta lectura. Vine a parar aquí, al libro de Foucault, a través de la novela Empotrados, en la que su autor ponía en relación el lenguaje de las Nueva impresiones de África con la gramática generativa de Chomsky, como si el especial autoempotramiento de la obra del poeta galo pudiese arrojar luz sobre la estructura profunda del lenguaje humano. Una hipótesis sugestiva, como han de serlo las buenas premisas de las narraciones de ciencia-ficción. Este libro de Foucault me ha servido para desentrañar qué clase de procesos daban lugar a ese empotramiento gramatical del que hablaba Ian Watson. Desde luego, en ese sentido he podido arrojar luz sobre el asunto. Pero a qué precio.

Este libro me ha recordado a El fin del trabajo de Jeremy Rifkin. Era aquel un libro con una tesis sensacionalmente interesante, pero cuya lectura se hacía igual de pesada y difícil que subir el Tourmalet con una cuchara en la boca sosteniendo un huevo cocido. A pesar de la diferencia temática y de la diferencia de interés intrínseco (aquel libro trataba un tema de interés general mientras que éste trata un tema muy particular ubicado en la periferia del conocimiento), la comparación es pertinente. Si El Fin del Trabajo daba una cantidad absurdamente grande de datos para corroborar tesis que tenían suficiente sustento desde hacía varios capítulos ya, Raymond Roussel de Foucault se adentra en una casuística Rousseliana de búsqueda de ejemplos ciertamente infernal. A decir verdad, las partes que se manejan en un discurso de orden general, habrán podido parecerme increíbles desde el punto de vista de la verosimilitud, pero han conseguido atrapar mi interés. Desde luego mucho más que los numerosos ejemplos que de la mitad hacia el final de la obra Foucault se empeña en aportar y que no le solucionan nada al lector advenedizo que, como yo, encima llega de rebote a la obra. No niego que este libro pueda ser profundamente interesante para quien trabaje estos temas, pero para el lector que, sin especial interés en la materia, llega aquí traído por su curiosidad, no se lo recomendaría. Mejor buscar otras fuentes secundarias.

Valoración:


2 comentarios :

  1. ''El Roussel de Foucault no es un poeta, y desde luego no es un poeta rarito. Es un poeta, geómetra, urbanista, cosmólogo y metafísico del lenguaje. Es un superhombre, un titán. Apuesto a que el Roussel de Foucault sería capaz de estornudar con los ojos abiertos y dar por comenzado el universo. Desde luego, la interpretación de Foucault es sugestiva, eso es innegable, ¿pero realmente habla de Roussel? ''

    Buena crítica. Y eso que desconozco prácticamente todas las referencias aquí, y no sabía ni quién era Roussel. Pues pese a todo has conseguido que me haya hecho una idea sobre este libro de Foucault. Muy interesante el tal Roussel, dicho de paso, y esa mención que haces para subrayar el hecho de que no quisiera juntarse con los surrealistas. Muchas veces contemplamos a los autores y artistas del pasado y les juzgamos como si éstos debieran conocer el devenir histórico futuro y lo que vendría después de ellos. Hasta nosotros, claro. Así se corre el riesgo de inventar a los autores del pasado según nuestra visión de ahora, situarlos en nuestros esquemas mentales para entenderlos. Y digo yo a Rousel lo pondrán algunos entre los surrealistas porque no podrán entenderlo separadamente de ellos. En el otro frente tenemos el estudio de Foucault, que según cuentas debe ser (aparte de un plomazo) una hermenéutica cerrada en base a un texto, forzando al autor del pasado para que entre no ya en una corriente determinada para entenderlo, sino en un molde ideal del propio Foucault.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una cosa: los surrealistas fueron coetáneos a Roussel, solo que eran una generación más joven, y por tanto Roussel demasiado mayor para ellos. Roussel vivió a mitad de camino entre dos generaciones, la decimonónica naturalista y el surrealismo. Hablo un poco por hablar, pero puede que Roussel sea una especie de nexo de unión entre la poesía simbolista y la generación surrealista, ya que de los naturalistas noa doptó nada: de los simbolistas cogería el aura de poeta maldito y en los surrealistas influiría en su mecanización de la escritura, aunque en Roussel ésta no se dé por expresión del subconsciente, sino por procedimientos más formales e internos al propio lenguaje. Los expresionistas interpretarían esa formalización como un medio de acceder a esa sobrerrealidad inconsciente y, supongo, Roussel estaría en desacuerdo con ellos en ese punto. De todas formas, es una aproximación seguramente equivocada, asíq eue no em hagas mucho caso. Si algo pone de manifiesto Foucault es la peculiaridad de Roussel, y en ello seguramente tenga razón, aunque como digo en el texto, tampoco se moleste en contextulaizarlo ni preste verdaderamente atención a la cuestión. Es un análisis interno sobre todo. La verdad es que desconozco cómo lo contextualizarán los demás a Roussel, aunque apuesto a que ese "los demás" no será muy extenso. De todas formas la que haces es una buena pregunta y enlaza efectivamente con el sentido del texto qué me citas. Suponmgo que como historiador que eres, la cuestión, metodológicamente, tenga miga para ti. En este caso concreto, la verdad, no sé decirte, pero mis sospechas están ahí xD.

      Eliminar

Licencia de Creative Commons
Conclusión Inatinente by Jose Gaona is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en http://conclusioninatinente.blogspot.com.es/p/licencia.html