miércoles, 8 de octubre de 2014

(1990) Arthur C. Clarke - El espectro del Titanic



(Reseña publicada originalmente en Goodreads el 19 de agosto de 2014)


Tras haberme leído un buen puñado de sus libros, empiezo a sospechar que Arthur C. Clarke no es tan buen escritor -o ese grandísimo clásico del género que la bibliografía oficial trata de representar-. Creo que en mi imaginario mental tiendo a dar preponderancia a la novela "El fin de la infancia" así como a "2001", confiriéndoles un peso notablemente mayor del que les corresponde en una hipotética ponderación de sus logros y aciertos. Porque si lo pienso fríamente, bastantes de los libros que he leído suyos me han dejado frío. Me pasó con las dos últimas partes de su tetralogía sobre los monolitos y me ha vuelto a ocurrir con "El espectro del Titanic"; esa sensación amarga de constatar que el producto que tienes entre manos no está totalmente acabado, de ser un bosquejo de lo que debería ser.

Naturalmente, qué sea lo que debería ser es una cuestión muy subjetiva en la medida en que no existe un canon de lo que sea el libro perfecto, por la sencilla razón de que cada uno de nosotros buscamos cosas distintas en las páginas de un libro. Pero si bien eso es así, no menos cierto es el hecho de que la novela tiene sus convenciones más o menos acertadas. Y la posibilidad de desarrollar psicológicamente a los personajes de una manera más profunda de lo posibilitado por otros medios narrativos es una cualidad que no debería ser despreciable.

Si por algo se caracteriza la escritura de Clarke es por una cierta frialdad en su aproximación a los personajes, a menudo peones de una partida que se desarrolla en una escala temporal que rebasa la vida humana individual. Esa aproximación es capaz de recoger sus frutos más sabrosos en novelas como "El fin de la infancia", "2001" y, siendo moderadamente generosos, también en "El último teorema". Pero no en "El espectro del Titanic". En esta novela asistimos con motivo del centenario del hundimiento del Titanic, a una serie de acontecimientos alrededor de los cuales orbitan una cantidad no despreciable de personajes, algunos de ellos con dramas interesantes. Sin embargo el esquematismo Clarkeano pierde numerosas oportunidades de adentrarse en ellos, profundizando y estableciendo madejas entre los mismos (uno de los capítulos finales concluye con la "conexión de las tramas de dos de los personajes por medio de un tercero, y se nos presenta tal hecho como resolutorio cuando bien podría ser entendido como propiciatorio; el principio y no el final de algo).

El esquematismo sobre los personajes se extiende en esta novela también al esquematismo sobre la trama. Lo cual no es inherentemente malo y es casi un sello de la escritura Clarkeana, para el cual solo es posible o tomarlo o dejarlo. A mi personalmente no me desagrada. Lo que sí que me ha decepcionado un poco es la ausencia de "chicha" en la historia, con poco sustrato épico y moderada tensión. Eso sí, reconociendo que la historia pretende ser verosímil antes que espectacular, he de reconocer que el desenlace que a la misma ofrece Clarke no podría haber sido mejor. Un excelente desenlace para una historia un tanto regulera.

Desde el punto de vista científico, el libro es una delicia, como todo lo que hace Clarke. Insertadas aquí y allá hay referencias a las matemáticas, la computación, la oceanografía, la física de los estados sólidos o la ingeniería más vanguardista e imaginativa. Siempre ha sido este aspecto en el que más ha destacado el bueno de Arthur, y en este libro no iba a ser menos. Curiosa es la presentación del efecto 2000 varios años antes de que se hiciera popular para el gran público (¿os acordáis a finales de los 90 y la pseudo-histeria controlada por los mass media?). Y altamente pedagógica la presentación del conjunto M y de, en general, la geometría fractálica y su acierto en la predicción de que la idea haría fortuna entre el gran público en el futuro, hoy ya el presente.

En resumen, "El espectro del Titanic" no pasará a la historia como una de las grandes novelas de Clarke, sino como un ejemplo menor dentro de su producción. Yo seguiré teniendo problemas para justificar mi primera impresión de que Clarke es un gran exponente de la ciencia-ficción. Y para la ortodoxia, el autor británico seguirá siendo uno de los pilares del género junto a Heinlein y Asimov. Nada nuevo bajo el sol.

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