miércoles, 8 de octubre de 2014

(1979) Juan Goytisolo - España y los españoles



(Reseña pblicada originalmente en Goodreads el 10 de julio de 2014)


Escrito en el exilio y censurado por el franquismo, "España y los españoles" constituye un acercamiento valiente y crítico a aquello que ha dado sentido al sentimiento español: sus mitos, su leyenda... y también su miseria.

Juan Goytisolo hace un repaso a la historia de España y dibuja un retrato bastante certero de la idiosincrasia ibérica a lo largo de los siglos, que no de las épocas. Y es que si por algo se caracteriza esta obra es por la premisa de que la historia de España, lejos de responder a las convenciones que la historiografía ha venido aplicando a sus vecinas europeas, no puede someterse a las divisiones temporales aplicadas al uso. Esta observación, que por su posible aplicación universal a todo país puede llegar a resultar trivial, en el caso de España cobra especial relevancia. Pues no es España sino la sumatoria de sus integrantes, los españoles. Y éstos, a lo largo de los siglos, y desde que España es España por la gracia de Dios y los reyes católicos, no han variado sustancialmente su mentalidad, al menos hasta los últimos años del franquismo. Es a la luz de ese aspecto invariante, soterrado por los grandes acontecimientos políticos, bajo el que hay que entender la afirmación inicial: España son los españoles; si estos no han variado, aquella tampoco.

¿Pero en qué sentido no ha variado la mentalidad española? En su sentido fundacional, el de los valores que vertebraron sus mecanismos básicos y la historia que ayudó a cimentarlos, ya que "el español ha sido, durante un prolongado periodo, objeto de una ideología, no sujeto de una historia." Ideología que responde a los valores del viejo caballero cristiano, su ascetismo, su deseo de gloria, su pulsión de muerte. Valores condicionados por la ideología y pueden rastrearse en los segmentos más bajos de la población desde los reyes católicos hasta Franco.

Para dessarrollar esta empresa, Goytisolo establece alianzas tácticas con Américo Castro, Blanco White, George Borrow, Hemingway o Gerald Brenan. Sintomático es su apego por las crónicas de observadores extranjeros, despojadas de sus sesgos ideológicos y con la objetividad que el propio Levi-Strauss asignará a la obervación atropológica en territorio extranjero. Goytisolo encuentra en la unión de compromiso ético con un pueblo atrasado y fascinación estética por usos y costumbres desconocidos la mezcla perfecta tendente a la objetividad. En cambio renegará de las observaciones de Menéndez Pelayo, por considerarlas contaminadas de esa ideología que pone a España en el centro del universo. Criticará a su vez ese sesgo de la historiografía decimonónica tendente a caracterizar de español todo aquel que moró en España (celtíberos, numantinos y hasta romanos serían españoles). No podrá menos que criticar los planteamientos de los noventayochistas, en especial Unamuno, y su concepción metafísica del español. Tampoco dispensará precisamente loas a personajes como Quevedo, al que reconoce su sagacidad al predecir la decadencia española, pero no su connivencia con los valores que la pergeñaron. También criticará a los ilustrados y su incapacidad para arrojar luz al siglo, condicionada por su nulidad para conectar con el pueblo, a pesar de las buenas intenciones. Y por supuesto criticará a la inquisición, verdadera responsable del atraso español, junto con la monarquía, al expulsar a judíos y moriscos, cargarse de un plumazo la pluralidad, los valores de la intelectualidad y la sensualidad erótica, condenando a España a un largo y tormentoso periplo por el desierto caracterizado por el adocenamiento y el puritanismo más hipócrita, y sembrarel terror con su persecución de los cristianos nuevos. Ensalzará y mucho, sin embargo, a Goya, Cervantes y la novela picaresca. Al primero por sus dotes de desvelamiento protonietzscheano de la psique española, de sus miserias y demonios. Al segundo por parodiar el mito español antes de que se consolidara en las generaciones venideras. Y a la tercera por reflejar la verdadera vitalidad y encanto del pueblo.

Uno de los principales lugares comunes de la mentalidad española será el desprecio por el afán de lucro, asociado con las influencias semíticas, y claramente desligado del ascetismo que tantas veces ha sido confundido, no sin razón, con la vagancia del pueblo español. Goytisolo, en este sentido, concuerda tangencialmente con las tesis de Weber en "La ética protestante...", pero por contraposición. El cambio de mentalidad posibilitante de un progreso económico, causante a su vez de una evolución social, en España es desconocido. Se produce la burguesía producto de la industria en la periferia, pero en el corazón del país, en el interior, de desconoce esa realidad, y se recela de ella. "Influencias extranjerizantes" se llegará a decir durante el gobierno del caudillo. Sin embargo, será precisamente durante la última quincena del gobierno de Franco, debido a la apertura política y económica al exterior, cuando con la mediación del turismo y el contacto con los europeos y el nacimiento de una burguesía urbana prácticamente generalizada en toda la geografía, los españoles comiencen a cambiar su mentalidad. Se producirá la "rejudificación" de España, adoptando los valores de la sociedad de consumo y desapareciendo, gradualmente, los trasnochados y arrugados de la vieja España.

El libro termina con la constatación de que la transición -a pesar de estar originalmente publicado en el 69, aquí no se llegó a publicar hasta el 79, para cuya edición Goytisolo escribió un último capítulo- está suponiendo la materialización de todo aquello que se avistaba ya unos años antes: el reflejo de una modernización en las estructuras valorativas, de juicio y opinión de los españoles vehiculizadas por unos medios de comunicación libres y unos partidos políticos dispuestos a discutir y exponer las ideas de sus representados, en lo que es, a todas luces, un cierre abierto pero de tintes optimistas. Naturalmente, no se le puede pedir a un libro aquello que no puede ofrecer. Pero sería interesante poder leer capítulos posteriores de la historia de España a la luz de los últimos acontecimientos y contemplar como estos afectan a los juicios vertidos en las últimas páginas. Repito, sería interesante. 

Juan Goytisolo se revela en esta obra como un sólido analista de aquello que sea que es lo que constituye España. Quizá sea por aquella imparcialidad que él mismo busca en los cronistas extranjeros y que él mismo posee debido a su exilio fuera del país. O puede que sea, lisa y llanamente, porque posee la claridad de pensamiento necesaria para conectar diversos acontecimientos entre sí sin restarles credibilidad y sin caer en la reducción caricaturesca en la que yo, muy posiblemente, haya incurrido en estas líneas. Sea como fuere, "España y los españoles" es un libro altamente recomendable.

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