miércoles, 8 de octubre de 2014

(1921) José Ortega y Gasset - España Invertebrada


Ortega y Gasset, nacionalismo, vida en común, España

(Reseña publicada originalmente en Goodreads el 4 de julio de 2014)


"Pocas cosas hay tan significativas del estado actual como oír a vascos y catalanes sostener que son ellos pueblos oprimidos por el resto de España. La situación privilegiada que gozan es tan evidente que, a primera vista, esa queja hará de parecer grotesca. Pero a quien le interese no tanto juzgar a las gentes como entenderlas, le importa más notar que ese sentimiento es sincero, por muy injustificado que se repute. Y es que se trata de algo puramente relativo. El hombre condenado a vivir con una mujer a quien no ama siente las caricias de ésta como un irritante roce de cadenas. Así, aquel sentimiento de opresión, injustificado en cuanto pretende reflejar la situación objetiva, es síntoma verídico del estado subjetivo en que Cataluña y Vasconia se hallan."

Estas palabras, que podrían estar dichas por un "hombre de Estado" hoy en día, sintetizan magistralmente la problemática del secesionismo hoy y hace 90 años. Porque no se ha avanzado nada, guste o no, en todo este tiempo. "España Invertebrada" no es tanto un ensayo de anticipación de la situación actual como una confirmación de las miserias que como pueblo definen y lastran a la nación española.

¿Pero qué es una nación? Ortega dirá: "un proyecto sugestivo de vida en común". Una nación es una entidad dinámica, en constante retroalimentación de los fines a los medios, que logra unificar por la promesa de una convivencia en común con vistas a "hacer juntos algo". Por tanto, la visión de Ortega dista mucho de aquella estática que basa su posición en los reductos históricos de glorias pasadas, comunión lingüística y cultural e identidad racial. Lejos de mirar al pretérito, la nación en Ortega se define como un mirar hacia el futuro. Esto es, su capacidad aglutinadora no reside en la historia. El máximo común divisor se encuentra en la promesa de un proyecto en común; es, por tanto, un hacer no acabado. Un hecho prepolítico.

Como todo fenómeno dinámico, toda nación será susceptible de apógeo y decadencia. En el caso de España, el diagnóstico de Ortega es claro: vive sumida en la decadencia desde 1580. De hecho, su apogeo apenas duró 100 años, cuando el proyecto de nación se vertebró a través de la colonización y posterior culturización de los territorios de ultramar. Es decir, cuando España se vertebró a traves de una Weltpolitik. La decadencia española empieza con la pérdida de los Países Bajos y el Milanesado, continúa en el s. XIX con el desprendimiento de las provincias ultramarinas y se afianza con el desastre del 98. Es el siglo XX el siglo de los secesionismos ibéricos en un proceso de desintegración que "avanza en riguroso orden de la periferia al centro".

¿Cuál es la causa de este desmembramiento? El surgimiento del particularismo, cuya esencia no es otra sino "que cada grupo deje de sentirse a sí mismo como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás". Atañe a las regiones cuando éstas dejan de sentirse parte del proyecto aglutinador y, en esa media, es un fenómenos político.

"El propósito de este ensayo es corregir la desviación en la puntería del pensamiento político al uso, que busca el mal radical del catalanismo y el bizcaitarrismo en Cataluña y Vizcaya, cuando no es allí dónde se encuentra. ¿Dónde, pues? Para mí esto no ofrece duda: cuando una sociedad se consume víctima del particularismo, puede siempre afirmarse que el primero en mostrarse particularista fue precisamente el Poder central. Y esto es lo que ha pasado en España. Castilla ha hecho España y Castilla la ha deshecho".

Efectivamente, el particularismo de España nace cuando su monarquía y su Iglesia pretenden adoptar sus destinos como los verdaderamente nacionales. Ahí es cuando nace el germen del particularismo que, como la pólvora, acaba extendiéndose hasta la periferia para mostrar ahí claramente sus efectos. Por ello, lo más importante en el particularismo de Cataluña y (hoy en día) Euskadi es lo que tiene en común con el particularismo central y "lo demás, la afirmación de la diferencia étnica, el entusiasmo por sus idiomas, la crítica de la política central, me parece que, o no tiene mucha importancia, o si la tiene, podría aprovecharse en sentido favorable".

El germen de todo particularismo, para Ortega, es prepolítico, del mismo modo que prepolítico era el proyecto sugestivo y aglutinador de voluntades, es decir, el surgimiento de toda nación. En este sentido cabe hablar de particularismo social, que es aquel que se define por la insolidaridad de las clases sociales y de los distintos colectivos los unos con los otros. Surge cuando el proletariado, la burguesía, el ejército o el clero piensa que sus problemas como colectivo son los únicos problemas de la sociedad. El particularismo social se convierte en político cuando se da una identificación de la parte con el todo, cuando uno de los colectivos se identifica con el "pueblo". Es entonces cuando surgen la "acción directa" y los pronunciamientos, según qué colectivo se nombre a sí mismo verdadero representante de la totalidad. Por ello, cabe afirmar que el totalitarismo unilateral es el signo del particularismo.

La segunda parte de este "ensayo de ensayo" se centra en identificar la causa profunda de la decadencia española que, como se ha visto, es la causante del particularismo y por tanto del secesionismo. Ciertamente, es esta segunda parte bastante menos interesante desde un punto de vista político y, desde un punto de vista antropológico, algunas de las opiniones que Ortega vierte en ella hoy en día nos parecerán estéticamente desagradables, siendo generosos.

Ortega comienza constatando el hecho de que los mejores hombres de hoy no son peores que los mejores hombres de ayer pero que, al mismo tiempo, hay menos "hombría" hoy que ayer. La hombría no ha de definirse por ningún conjunto de cualidades que en abstracto se otorgue a un conjunto de hombres. Por el contrario, la hombría se define por el ser concedida por el conjunto de hombres que no son superiores. Esto es, la hombría la concede la masa al conjunto de hombres que son superiores. Es por tanto un reconocimiento de la superioridad de una minoría respecto a una mayoría y, además, con el beneplácito de la mayoría.

Pero hoy en día la mayoría, la masa, carece de esa docilidad para someterse a una minoría ejemplarizante y superior. ¿Sus causas? Ortega las desarrollará en otro "ensayo de ensayo", "La rebelión de las masas". Baste decir que una de sus principales características consiste en una "aristofobia", que en sentido literal, hunde sus raíces en la ausencia de feudalismo que, a juicio de Ortega, existió en la Edad Media en lo que sería posteriormente España.

Este planteamiento le llevará a afirmar que los grandes momentos de la historia española, aquellos que tradicionalmente se identifican con la colonización de América y la reconquista (aunque con respecto a ésta última Ortega manifieste socarronamente que una "reconquista que dure ocho siglos no puede llamarse con propiedad reconquista"), en realidad no fueron tan esplendorosos como se los intenta pintar. Los grandes proyectos de España jamás fueron realizados por una minoría superior, sino siempre por el pueblo. Pero al mismo tiempo ello tiene como implicación lógica el hecho de que la supuesta decadencia en la que vive España desde hace tantos siglos no sea tal, sino más bien apariencia. No puede haber verdadera decadencia allí donde tampoco ha habido verdadero apogeo. Y ese es el mensaje, si cabe, optimista para aquellos que aún se manifiesten acólitos del nacionalismo español: queda todo por hacer porque a) no puede ser de otro modo (lo que se desprendía de la primera parte del ensayo con su definición de nación) y b) los pilares sobre los que se vertebró España en el pasado los puso el agente equivocado y, además, ya no existen.

Hay que reconocer que para un anti-nacionalista, como es mi caso, el planteamiento de Ortega acerca de qué sea una nación es ciertamente sugestivo, valga la redundancia. Desde luego es el planteamiento más elegante que he leído sobre el tema, en términos conceptuales. (Y en términos estéticos tambien; es Ortega uno de los dos o tres mejores ensayistas que he leído nunca en cuanto a mero estilo). Lo que ocurre con Ortega es un poco lo que ocurre con Nietzsche: te vas dejando llevar por sus argumentaciones (en Ortega mil veces más elaboradas) hasta que llega un momento en el que expresas un sonoro "¡NO, JAMÁS, NUNCA!" debido a la repugnancia que su aristocracismo te genera. Con todo, y aunque solo sea por la primera parte, este ensayo debería ser leído por todo aquel que se tome en serio estos temas, ya que ubica lugares conceptuales claves para la cartografía del problema.

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